domingo, 25 de junio de 2017

Wonder Woman. (Patty Jenkins, 2017)

Estaban DC y Warner sumidos en un evidente rumbo improvisado con su franquicia de superhéroes, a la cola de Marvel, a la sombra de lo que ya hizo Christopher Nolan con uno de sus iconos en la trilogía de 'El Caballero Oscuro, y que no, que no lograban acertar en la diana con sus primeros títulos. A mí particularmente me gustan tanto 'Man of Steel' como 'Batman V Superman', pese a sus errores y a sus escenas carne de meme, mientras que mi visión hacia 'Escuadrón Suicida' ha cambiado mucho desde el primer y eufórico visionado, ya que ahora mismo la considero una película horrorosa en muchos aspectos. Pero la falta de cordura y paciencia era obvia. Y en medio de este follón, la luz: Wonder Woman, la tercera pieza de la Trinidad de DC. No solo supone un golpe en la mesa o una esperanzadora remontada en medio del caos. Es que es mucho más.

'Wonder Woman' es una película jodidamente maravillosa, y no estoy escogiendo este adjetivo al azar, puesto que la mujer maravilla es precisamente eso, y la película lo refleja sin paliativos, sacando orgullo. Más allá de una película que viene a engrandecer y dar un vuelco al cine de superhéroes, es una película que era necesaria. Porque aunque cuente una historia sobre la que el propio género ya ha planeado, siendo un viaje iniciático en un contexto bélico y con un marco de aventuras, lo hace colocando las piezas del tablero en un lugar al que hasta ahora se les había privado. Atendiendo al contexto político-social en el que vivimos, es una película importante. Tampoco le pidamos peras al olmo. 'Wonder Woman' no es cine social ni cine político, es un puñetero blockbuster, concebido para atraer a las masas a pasar un rato entretenido. Ahí radica su valor: un producto así, liderado por una mujer, Patty Jenkins, fuera del cine de autor o indie, en un género asociado tradicionalmente al público masculino, y que es capaz de transmitir mensajes positivos y reflexivos acerca del empoderamiento femenino sin excluir la atención empática de ningún tipo de público, que es capaz de hablar sin miramientos de los refugiados y los indefensos, o de las causas y consecuencias de la guerra sin echar balones fuera (el propio personaje de Steve Trevor se culpa a sí mismo por formar parte de ese "todo" que causa las guerras). 


Gal Gadot hace una labor encomiable poniéndose en la piel de Diana Prince. Hace suyo al personaje, lo conoce, va con ella a muerte, y cumple sobradamente tanto en su fase ingenua e inocente como en los momentos épicos, rebeldes y de amazona guerrera. En serio, hay escenas realmente inspiradoras y emocionantes en las que Wonder Woman, a la que todos le dicen lo que tiene que hacer, sobrepasa a todos y decide actuar y hacer lo que ella cree que es lo correcto, momentos en los que dice "hasta aquí ha llegado mi paciencia" y decide dar el paso al frente que nadie más da. Eso es épica. Formando equipo con un Chris Pine que nos regala un Steve Trevor precioso, con labor de motor de cambio y de guía en el mundo de los hombres, aparte de ser el apoyo emocional y romántico de la protagonista. Ojo, que nadie confunda el papel que hace este personaje con el de la protagonista. Ella siempre lleva el peso del viaje del héroe (heroína en este caso), y nunca invierten ese papel. Lo que pasa es que Steve Trevor no es una mera comparsa como sí lo son las sucesivas acompañantes femeninas del resto de superhéroes masculinos. Toma decisiones propias, no necesita que ella le saque de apuros (no confundir con salvarle en ciertas ocasiones), se vale por sí mismo, y sus acciones, sobre todo en el tercer acto, son importantes para el desarrollo y conclusión de la trama. No todo pasa por lo que hace Wonder Woman. Esto también es un punto a favor que debería tomar en cuenta el cine de acción y de aventuras.


Y aparte de todo eso, pues tiene lo que hay que exigirle a una película de su tipo: entretenimiento a raudales, acción muy lucida (y muy bien rodada, por cierto), una banda sonora y una fotografía que se lucen, emoción, con momentos para la risa y para las lágrimas bien sintonizados y colocados donde deben estar. Y que recupera cierta esencia clásica del cine de superhéroes que se había perdido con el ya mencionado Nolan, esa simpleza efectiva y noble que tenía el 'Superman' de Richard Donner o el 'Spiderman' de Sam Raimi. Una película en la que quienes la han llevado a cabo demuestran pasión y mimo, querer y saber hacerlo bien, que conocen el universo que nos están mostrando, y que sacan las garras cuando todo el mundo parecía querer enterrarles definitivamente. Este es el camino a seguir, no hay otro.

9/10


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