miércoles, 20 de septiembre de 2017

It. (Andrés Muschietti, 2017)

Nunca terminé de ver la TV Movie protagonizada por Tim Curry, por lo cual, en el terreno audiovisual no tengo referencias previas de este remake. Sí las tengo de la referencia original, la novela de Stephen King, uno de sus libros que más atrapado me tuvo entre sus páginas. Esta versión actualizada (los acontecimientos del libro ocurren en la década de los 50, en la película a finales de los 80, y supongo que el éxito de 'Stranger Things' tendrá algo que ver en ello) se acerca tanto que casi quema a lo que yo tenía en mente de esta historia, por lo que mi parte fanboy ha quedado satisfecha. Porque precisamente es una adaptación, con sus inventos, sus cambios y alteraciones, y no una reproducción exacta de la novela. Cada medio funciona de distinta manera.

Y a mi parte crítica también le ha complacido. 'It' sabe combinar la historia de madurez forzada que viven sus protagonistas adolescentes con el terror más primario y básico, el del miedo puro, el de la incomodidad e incertidumbre, el que tememos desde niños, algo así como el constante acecho del hombre del saco, que no es otra cosa que un ente folclórico heterogéneo y abstracto del cual cada uno echaba a su imaginación para conformarlo con sus peores traumas. Ambas, la narración del paso de la infancia a la edad adulta y la del monstruo comeniños, crecen conjuntamente sabiendo hacer palanca la una sobre la otra. Para regodeo mío, y de muchos espectadores seguramente, la película no se corta un pelo a la hora de volverse sangrienta y visceral. Aparte de dar buenos sustos recurriendo sin complicaciones a sistemas del género de toda la vida (cosa que hace muy bien), y añadiendo tensión y pulso que nada tiene que ver con sustos, deja ver sin apartar la cámara o sin elipsis el festín carnívoro en que Pennywise convierte a cada una de sus víctimas. Otra cosa que los guionistas han entendido muy bien es que el payaso actúa como un asesino en serie, por lo que la narración atiende al crecimiento de la investigación de los chavales sobre qué es Eso en ese sentido.


Otra cosa que entiende y a la que atiende perfectamente la película es que los niños prefieren enfrentarse al monstruo que les acecha que enfrentarse a lo que ya tienen en sus casas. El mundo adulto es un monstruo ya de por sí al que llevan enfrentándose toda su vida. Las preocupaciones del clan de los perdedores están enfocadas en la indiferencia o en el peligro que sus propios progenitores representan para ellos, desde padres sobreprotectores hasta padres abusadores, y al bullying que sufren por parte de los abusones de la escuela. Desde luego, Pennywise es solo un monstruo más al que deben enfrentarse, pero esta vez es un villano contra el que pueden luchar juntos. Mientras que la pelea diaria a la que deben hacer frente en sus propias casas individualmente les supera, la tropa se vuelve poderosa y carismática en la contienda contra el payaso. 


Visualmente es elegante y emocionante, con sencillez casi conservadora sabe crear un mundo hostil, fangoso y hermético, y a la vez bello y con cierta luz esperanzadora. Por tópico que suene, es una película con alma, conmueve, y los protagonistas te roban el corazón. Sabe conducir a cada personaje para que sientas su rabia, o su impotencia, o sus ganas de huir. Una adaptación que sabe tomar lo cotidiano y lo pervierte, sabe crear una atmósfera terrorífica a plena luz del día, y con ello construye la angustia del relato. 

7,5/10


jueves, 14 de septiembre de 2017

Batman V Superman. (Zack Snyder, 2016)

Que la odias o la amas es algo que ya ha quedado claro a estas alturas. Personalmente, me da todo lo que pido de ella. Es un puñetero cómic en movimiento, algo que Zack Snyder, pese a su fanfarronería, controla bastante bien, aparte de marcar su propia impronta que ya fascinaba en '300' y 'Watchmen'. Tiene varias de las secuencias más espectaculares del subgénero y tiene fe en un diseño de producción impactante y agresivo, aparte de ser una de las propuestas más valientes que se han podido ver en este tipo de películas. 

Ahora bien, soy realista. La película tiene momentos sobresalientes que por sí solos son joyitas, deslucidos por detalles poco pulidos y momentos de torpeza narrativa. Lo que realmente jode a la película es que podría haber sido una película notable, y no tiene ese plus que le de el empujón para ser más que una película buena. Y eso que la versión extendida mejora, el montaje es más coherente, Superman tiene oportunidad de explicarse como es debido,... Y sí, el malo de la película, al menos durante todo el nudo de la trama, es Batman. Y es lo que me fascina de ella: es la peli de superhéroes que mejor entiende el mundo actual. Una persona buena puede llegar a ser un fascista de cuidado y ser cegada por su dolor interno, trasformarlo en odio e ira impulsiva, y descargarlos en quien cree que es un peligro. La fagocitación de tramas que contenía la versión de cine se remedia ligeramente, la lentitud con la que avanza (sí, es una peli lenta, y no un festival como estamos acostumbrados) se ha lubricado bastante con esos minutos extra y con las piezas reubicadas, y no se apresura tanto a la hora de dar resolución a momentos claves (Superman ayudando a la gente en el desastre que ha sido incapaz de evitar; parece una tontería, pero se necesitaba). 


La batalla que anuncia su título está bien preparada ya desde el inicio, propiciada por un Batman que me ha gustado más de lo que vaticinaba (seamos sinceros, Ben Affleck se lo curró bastante), el más parecido en la gran pantalla al que dibujaba Frank Miller, cuyo odio es pura xenofobia, una rabia contenida durante años de frustraciones y duelos que acaba explotando contra Superman, a quien ni siquiera trata de comprender. Y ese es el principal detalle que me sigue chirriando: el final acercamiento de Batman a Superman se produce en un momento que pasa de una catarsis muy lograda a la frialdad plena a través de una torpe elipsis y un Deus Ex Machina propiciado por una irrupción de Lois Lane que no excusan tan apresurado cambio de postura. Ese maldito minuto de metraje mal anclado en la película le resta puntos. Porque todo lo que hubo antes y todo lo que viene después es me parece perfecto. 


Otro problema es tener personajes con los que no sabe muy bien qué hacer. Especialmente Lois Lane, quien me gustó más en 'El hombre de acero', y que ahora apenas tiene uso como excusa emocional de Superman, quien sigue pareciéndome la mejor representación que ha habido del personaje. En esta secuela, tiene la oportunidad de redimir sus fallos como héroe principiante que tuvo en la primera, de explicarse como un hombre que quiere ayudar, pero que los acontecimientos pueden superarle, haciendo que los daños colaterales de sus esfuerzos causen víctimas. Y luego está Lex Luthor, que me no me disgusta porque no deja de ser el hijo de puta que debía ser y su plan crece en la sombra y no deja de tomar forma en ningún momento, pero que le pasa lo mismo que a la propia película: podía haber sido taaaaaan bueno este personaje... Como colofón la película ofrece una reconfortante recompensa: la irrupción de Wonder Woman en el tercer acto. Es lo mejor que deja la película: bien introducida y presentada, con una actitud demoledora, y que en sus pocos minutos se come al resto de personajes. La puta ama.


Seguramente se podría haber aprovechado mejor tanto metraje para definitivamente no contar tanto como parece, pero desde luego es una gozada de blockbuster. Exagerado, pero no ruidoso. Quizá haber introducido este Batman en una película propia anterior hubiese apagado los fuegos que tiene ésta (una ventaja que, por ejemplo, ya tenía la primera de 'Los Vengadores'). Lo mejor es que deja con ganas de más y que trabaja bien en planificar el futuro de la franquicia. Con la calma y alivio que ha dejado la película propia de 'Wonder Woman', las secuelas podrían perfectamente aunar la espectacularidad y diversión de ésta con un guión más sólido, y si se trabaja como en ella 'Batman V Superman' podrá gozar de una merecida redención por parte de muchos. Me entusiasma ver por dónde van los tiros.


7,75/10

jueves, 7 de septiembre de 2017

Crudo. (Julia Ducournau, 2016)

Hacía mucho que no me lo pasaba tan mal viendo una película, quizá desde 'Holy Motors', también de factura francesa. Los franceses en el cine me dan una de cal y otra de arena: o bien me alegran la vida, o bien me llevan a pensar en cavar mi propia tumba. 'Crudo' se enmarca en el segundo de los casos. Me horrorizó y desagradó hasta el punto de la arcada, y mirad, yo no veo películas para sufrir. No en el sentido físico, me refiero. Si me haces sufrir emocionalmente, me tienes ganado. Si haces que mi estómago empiece a darme señales de que algo anda mal, te odiaré con toda mi bilis.

La pretenciosidad de la película es alta, cosa que no suelo criticar porque me parece que para hacer cine tienes que creer en tu producto como si fuera a formar parte de las siete maravillas del mundo. Pero claro, cuando esa pretenciosidad se sale del tiesto y se transforma en abofetear o insultar gratuitamente al espectador, pues está feo y quedas como un violento sin causa. Y para ver gente rabiosa ya tenemos la política. Además, es que la directora, o quien haya sido el encargado de dotar personalidad a esta "joyita" ha confundido ser provocativo con ser escandaloso. Lo primero atrae, lo segundo repele. 


No sé hasta qué punto la película se toma en serio a sí misma, pero desde luego yo mientras la veía me la tomaba a broma, y de pésimo gusto. Coge ingredientes de género de terror pero se olvida del más básico de todos: crear incertidumbre. No la hay, en ningún momento quieres saber más o saber a dónde va a parar todo. Lo único que siento viéndola es asco. Ni siquiera me convence su mensaje de la presión social y de las represiones a las que somos sometidos y que una vez se liberan se vuelven salvajes. Se acerca más a la propaganda que al discurso, lo que al final convierte ese mensaje en nada. Rascándole las vestiduras un poco más: ni el estilo absurdo, bárbaro o dadaísta que imbuye el arte del conjunto convence, en la medida que no se utilizan como un medio, sino como un fin. Y cuando en cine te riges por la máxima de que el fin justifica los medios, el barco suele hundirse.


Quien la entienda, que la compre. Yo no quiero ver cine para que gente que no ve más allá de su nariz me suelten mensajes pseudointelectuales. Porque el cine es social y grupal, tanto en terreno laboral e industrial como en terreno ocioso. Si lo que pretendes es quedar por encima del espectador, te vas un rato a la mierda. Y esa es la sensación que me da cuando veo películas de este palo: que hay un director que quiere someterme a su tortura sin consenso alguno entre ambas partes. Eso se llama violación, y es una cosa muy fea.

3/10


viernes, 1 de septiembre de 2017

Interstellar. (Christopher Nolan, 2014)

'Interstellar', una maravilla de la ciencia ficción reciente que no deja indiferente a nadie. Con el sello de Nolan por delante, lo cual equivale a que tiene admiradores y detractores absolutos a partes iguales. Pero seamos honestos: es imaginativa, tiene suficientes cojones para dibujarnos cómo sería un agujero de gusano o una quinta dimensión, es coherente en todo momento, sobrecogedora e incluso aterradora por el mundo en el que se adentra, en los terrenos tanto visuales como sonoros es apabullante, la atmósfera en la que nos sumerge está construida con un detalle y una precisión obsesivos solo alcanzables por unos pocos, y sus dos horas y media de metraje no contienen vacíos ni sobrecargas. 

Es una película que habla de muchas cosas de manera muy sutil, humana e instrospectiva en un escenario tan inmenso como la propia multidimensionalidad que solo el espacio-tiempo en sí mismo puede ofrecer. Y quizá de lo que muchos no se dan cuenta es que no es una película ni cínica ni fría. Tiene alma. Muchos llegan a esta película buscando resolver problemas científicos, físicos o cuánticos, cuando la película no deja de ser cine, y por lo tanto, como cine que es, tiene que hablar de sentimientos. Aunque se valga de la ciencia para ello, no puede dejar de hablar de sentimientos. Por eso 'Interstellar' trata del amor, y no se esconde. Los protagonistas no buscan ser héroes, no buscan reconocimiento, no buscan una aventura. Lo único que quieren es salvar a sus seres queridos, lo están arriesgando absolutamente todo en una lucha imposible contra el tiempo para darles una oportunidad de sobrevivir a sus padres, hijos,... 


La película no se sumerge de lleno en temas filosóficos o morales, sino que explora el infinito a través de lo finito que supone ser humano. No voy a decir mucho de la sobreexplicación nolaniana porque ya lo hice en el análisis de 'Origen': hay espectadores menos avanzados que la necesitan, los más listillos no somos los únicos que tenemos derecho a disfrutar y a entender de películas de género. Él lo sabe y por eso ofrece una de cal y otra de arena. No necesita gran dosis de acción o fuegos de artificio para resultar estimulante y épica. La escena en que Cooper se despide de su hija, abandona la granja, un plano de él en la cabina de su furgoneta da sucesión a otra escena de él en la cabina de una nave espacial, una elipsis perfecta y emocionante que es solo uno de los ejemplos de lo que hace esta película con tu corazoncito. Y que también me sirve para apreciar lo que hace el sonido en esta película. La banda sonora, protagonizada por el órgano, un instrumento envolvente y con aura tenebrosa, como el espacio mismo, apoyado por un constante tic tac. Ambos nos recuerdan cuáles son los enemigos a batir: el entorno no natural del ser humano, y el tiempo limitado. Todo ello envuelto en una narración basada en la Odisea: un hombre que parte del hogar para salvar a su hija, y que una vez ve concluida su labor en la guerra (Odiseo en Troya, Cooper en Gargantúa) debe averiguar cómo regresar, sin saber qué le espera a su regreso. 


Dejemos de ser ciegos e hipócritas ante esta película. Las personas hacemos imposibles por amor, y de eso es lo que trata esta película. Del amor infinito a una hija, a un padre, al hombre que aguarda en un planeta inexplorado a años luz, a la propia humanidad. Dejemos de compararla con '2001', porque a pesar de que tratan de lo mismo, del destino de la raza humana, una lo hace a través de nuestra evolución apoyándose en el nihilismo desesperanzador alegando que somos la causa de nuestro propio fin, y otra lo hace a través de nuestra capacidad de supervivencia apoyándose en la mayéutica optimista con una claro discurso que nos invita a creer en nuestra suficiencia.

9,25/10


miércoles, 23 de agosto de 2017

Baby Driver. (Edgar Wright, 2017)

Edgar Wright tiene una cualidad que admiro, por encima de las risas que me haya podido echar con buena parte de su filmografía: sabe coger métodos narrativos extrínsecos del cine y hacer que el universo de sus películas gire en torno a ellos sin que ello las convierta en productos artificiales. En esta ocasión, todo el cuento va versando alrededor de la música que Baby escucha en sus auriculares. Todo el montaje, tanto a nivel interno (movimiento de personajes, de cámara,...) como externo (cortes de planos, sucesión de secuencias,...) está bajo la batuta de la banda sonora. Cuando se apuesta cien por cien por una fórmula de contar una historia que se sale del esquema clásico, el riesgo de cagarla es máximo porque en el momento en que quieras desahogar el ritmo recurriendo a las recetas de toda la vida el truco va a ser más cantoso que un descosido. Buena noticia: el director sabe mantener ese protocolo (la música rige absolutamente todo) durante las dos horas del film, incluso en las escenas menos importantes.

Con tal declaración de intenciones, la película no debía fallar en otro asunto importante: tiene que molar. Y de eso va sobrada. Apoyada por un reparto cachondo y de gente chula como ella sola, con escenas de persecuciones automovilísticas que tienen coreografías medidas con el mismo aplomo que una obra de ballet, acción gamberra, y la necesidad de tener muchas coñas momentáneas que hacen que te apuntes a esta movida desde el primer momento (las innumerables gafas de sol de Baby, gag humorístico de haber mamado mucho Chaplin). Son muchos los ingredientes bien cocidos que hacen que sea una película canalla y muy divertida, entretenimiento puro y duro.


Además, me gusta la elección de Ansel Elgort como protagonista, o como elemento adolescente del film. Es un chaval joven, lampiño, guapete, pero no un mojabragas. Su personaje no se vende a través de elementos sexuales, tiene determinación y actitud de sobra para olvidarnos de que no deja de ser una cara bonita al pie del cañón. Y no se fuerza la explicación a que su mundo gire en torno a lo que sale de los auriculares de su reproductor de música, ni de las cientos de cintas que graba para uso personal y que definen su vida y sus emociones, haciendo que efectivamente la música sea elemento indispensable para que los ladrillos queden bien cementados. A Kevin Spacey tengo que mencionarle porque solo su presencia como villano capullo ya hace valer la pena el visionado.


'Baby Driver' es una apuesta segura para pasar un rato desfogado. Hay poco que discutirle, cumple su objetivo de sobra. Una película de aroma pop, cuyo derroche de imaginación para hacer fluir la acción te obliga a abrocharte el cinturón de seguridad. Es un macizo ejemplo de que un guion normalito gana muchísimo si es contado con gracia y talento. 

7/10


viernes, 11 de agosto de 2017

El caso Slevin. (Paul McGuigan, 2006)

La propuesta de 'El caso Slevin' es de esas que me enganchan rápido a cualquier película: un laberinto con sorpresa dentro que se toma en serio a sí mismo pero que se cuida de seriedad innecesaria. Un thriller de dialéctica casi poética entre matones y mafiosos locales, con una puesta en escena estimulante, un reparto que calza sus zapatos tal como si estuvieran diseñados únicamente para ellos, y una trama disfrazada de absurdo que va deslizándose poco a poco en una compleja historia de venganza.

Pero por favor, hablemos de Josh Hartnett. Porque entre peces gordos de la interpretación donde tenemos a Morgan Freeman, Sir Ben Kingsley, Stanley Tucci, Lucy Liu y Bruce Willis, uno de los actores que más proyección tenían hace una década se mueve como pez en el agua. No solo eso, les roba las escenas. El personaje de Slevin es un puto canalla, un sinvergüenza, un bocachanclas y un buscalíos irremediable. El bueno de Josh se mete en el papel de pleno, se disfruta a sí mismo, y logra química con cada uno de los compañeros de oficio que tiene asignados, y son ellos, los de talla grande, los que se amoldan a él, y no al revés. La picardía que le echa frente a estos tipos es de tener unos huevos enormes. No entiendo cómo un actor que tenía tal empuje ha acabado diluyéndose en producciones de poca monta y sin apenas relevancia actualmente. Es ilógico que un tío que también demuestra su faceta dramática en 'Black Hawk derribado', en definitiva, un tío que vale para mucho más que conformarse con serie B o un papel destacado en 'Penny Dreadful', no haya tenido la progresión de carrera que se esperaba de él. El talento y el carisma los tiene.


Centrándome en la propia película, tiene los ingredientes propios del cine de ladrones de Guy Ritchie, sin necesidad de volverse tan estilizado o con un sello de autor tan marcado, y un humor cercano al de las pelis de Edgar Wright, obviando el frikismo que éste somete a sus creaciones. Las escuetas pero letales dosis de violencia pueden rememorar al Scorsese menos frenético, y el montaje narrativo que sirve para ocultar todo el pastel que hay detrás de una historia aparentemente simple podría haber sido facturado por el principiante Nolan de 'Memento'. Pero ninguno de esos autores es el responsable de 'Lucky Number Slevin' (cómo mola el puto título original, coño), sino que tenemos a Paul McGuigan, director de varias mediocridades de aúpa, más destacado por haber dirigido varios episodios de la serie 'Sherlock' que otra cosa. No es un tipo de renombre, vamos, pero aquí demuestra tener escuela y capacidad. Hay tíos en el mundo del cine que me caen bien por no querer ser nadie y simplemente se dedican a su oficio. McGuigan pasa a formar parte de esa lista. 


En fin, recuerdo que la vi en el cine después del instituto, sin tener aún ni puta idea de cine y sin saber a qué me enfrentaba, y salí muy sorprendido. El tiempo ha colocado a la película en una merecida categoría re revisionables cada cierto tiempo, sin que pierda chispa. Es entretenida, es chula como ella sola, te dejas llevar por los personajes, cero pretensiones ombliguistas de autor. Simplemente una película con suficiente estilo para tenerle respeto y que hace pasar un rato muy divertido. 

7,5/10


jueves, 3 de agosto de 2017

Spiderman Homecoming. (Jon Watts, 2017)

Por fin han dado con la tecla correcta. Por fin podemos ver en gran pantalla una representación honesta del trepamuros. En una aventura casi local, que se escapa de la trascendencia e importancia que todas las películas Marvel suelen tener, se nos presenta a un amigo y vecino que es tal cual: majete, inteligente, torpe, bocazas, honrado, flipado, motivado,... Nunca deja de ser un pringado adorable que intenta lidiar a la vez con la necesidad de hacer bien las cosas y de demostrar su valía. En esta primera experiencia dentro de la franquicia, esa es la lucha interna del personaje. Todo ello adaptado al 2017. Este Peter Parker no recibe el bullying casi merecido de chaval nerd que recibía el de Tobey McGuire, ni tiene el carácter emo y rebelde del de Andrew Garfield. Esta película conoce mucho mejor a su público inmediato (jóvenes y adolescentes) que las anteriores versiones, y les da un personaje con el que de verdad puedan verse reflejados.

Y hacer un hilo de pretensiones tan pequeñitas supone un acierto. Spiderman es un puñetero crío que apenas acaba de descubrir sus poderes, que además habita en un mundo donde ya existen los Vengadores, y que cada situación de urgencia en la que se mete le supera por completo. Tom Holland lo ha pillado a la perfección, y se mueve con naturalidad y gracia tanto con las mallas como cuando simplemente es Peter Parker. Recibe multitud de ostias y aún así es tan cabezota que vuelve a levantarse una y otra vez. No está preparado aún para la eterna responsabilidad a la que se le suele someter, está en fase de crecimiento, y llegado el momento en que se da cuenta de ello se retrata a sí mismo a base de lloriqueos suplicantes, pero finalmente sabiendo salir él solito del marrón en el que se ha metido. De ahí la importancia de la presencia de Iron Man como mentor. Porque volver al drama del tío Ben, después de que ya nos lo sepamos de memoria tras dos sagas en menos de 15 años que partían de ese suceso, iba a ser cansino. Bien hecho empezar en un punto en el que todo el origen del héroe ya ha sucedido, y bien hecho en situarnos en el punto en el que está empezando a explorar las posibilidades que sus poderes le permiten. Siempre teniendo en cuenta que es un adolescente que se muere por ser mucho más de lo que puede abarcar. 


La sensación de cercanía y de acontecimiento local se refleja también en el villano. El Buitre no tiene intenciones de destrucción masiva, ni una sed de venganza desmedida, ni está conspirando para un fin mayor. Simplemente se está aprovechando de la chatarra extraterrestre dejada en anteriores capítulos de la franquicia para poder, de algún modo, ser algo más de lo que realmente es. Tal como el propio protagonista, tiene pretensiones más grandes de lo que es capaz de abarcar, cosa que finalmente se le va de las manos y es ahí donde estalla la némesis entre ambos. Y por ese planteamiento humano del personaje, se convierte en uno de los antagonistas más redondos y con motivaciones más sensatas del UCM.


En general, el tono es alentador. Todo es cotidiano, el humor es constante y no distrae, la sensación y el reposo que deja el conjunto es amigable, quieres quedarte con este Spiderman. No necesita dosis de acción desorbitadas, ni un drama interno que le esté machacando constantemente, ni una trama romántica que acapare atención. Es un amigo y vecino que por ahora se tiene que conformar con proteger a su pequeña comunidad. Ya habrá tiempo para los Octopus, para Oscorp, para ahondar en las secuelas que le ha dejado la muerte de Ben, o en lo que supone para un chaval cono él formar parte de un grupo de élite como lo son los Vengadores. Poco a poco, porque tenemos arácnido para rato.

7,75/10


jueves, 27 de julio de 2017

Dunkerque. (Christopher Nolan, 2017)

Tenía mucha curiosidad por ver cómo Nolan abordaba el género bélico, fuera del marco más o menos fantástico en el que andaba sumergido desde 'Origen'. Y mira, que nadie ponga en duda que estamos ante uno de los directores clave en la historia moderna del cine, uno de los más arriesgados y más capaces de afrontar proyectos de cualquier índole, que mejor aprovechan los grandes presupuestos, llevando por bandera la intensidad y la confabulación de imagen y sonido como un todo narrativo.

'Dunkerque' precisamente es intensidad en el lado más extremo de su significado. Sin dar un respiro, sin darte oportunidad de asentarte en ella, desde el primer minuto te sumerge en el conflicto. Durante su hora y tres cuartos que se pasa volada no te deja respirar, te agarra firmemente y te convencerá de que no hay vía de escape. Con un enfoque a tres bandas cuyas historias alterna con un magistral ejercicio de la dilatación del tiempo y de la organización del montaje paralelo, y con el sonido y banda sonora como herramientas descriptivas de la situación, dando musicalidad a las bombas, a la incertidumbre y al terror, el director nos lleva al ojo del huracán de una batalla sin salida, en la cual la supervivencia depende más del azar que de lo que uno pueda hacer por sí mismo. El enfoque superlativo y reiterativo del sonido es fundamental para entender la extrema gravedad y urgencia de la secuencia en la que nos encontramos (sí, el guion tiene un tratamiento como si de una sola secuencia se tratara en cada una de sus tres narraciones). Y de paso nos ofrece un magnífico retrato de la dignidad humana, de la épica, que lejos de ser un enfrentamiento contra un enemigo numeroso o más grande, y al que apenas vemos pese a dar la sensación de estar por todas partes, es alzarse contra un pronóstico desfavorable porque no quedan más cojones que hacerlo.


Y si la película está caracterizada por su sonido fundamentalmente rotundo y aparatoso, también lo está por su parquedad. Nolan prescinde de diálogos grandilocuentes o explicativos, sus personajes apenas articulan palabras, y la comunicación entre ellos se basa en miradas que todo lo dicen, en gestos con más significado que cualquier sonido vocal pueda expresar. Hay pureza cinematográfica en esta película, hay una simpleza casi minimalista de argumento y una plenitud de pasión narrativa y visual que pocos pueden alcanzar. Están ocurriendo muchas cosas al mismo tiempo y cada una de ellas está perfectamente ubicada en el eje temporal en que se desenvuelven, pese a que el montaje juega con historias cuya trayectoria y llegada al hilo narrativo distan unas de otras y conforman un puzzle que va juntando sus piezas según avanza el metraje.


Por cierto: Tom Hardy. Qué poco reconocido está este hombre. Tiene una expresividad en sus ojos que decenas de actores carecen en la totalidad de su rostro. Casi toda su parte está metido en un primer plano cerrado sobre esos ojos que transmiten absolutamente todo lo que no necesita decir. Sabemos lo que piensa, lo que desea hacer, lo que debe hacer. Y hablando de personajes, la película ni se molesta en hablarnos de quiénes son. Son personas anónimas a las que simplemente les ha tocado estar ahí, en ese momento, con una necesidad que no es otra que la supervivencia propia y del prójimo. Y vas con ellos a muerte porque se construyen con actos llenos de dignidad y de humanidad. ¿Quién es esa gente y cómo ha acabado ahí? No importa. Te haces a la idea con una facilidad pasmosa, y quieres compartir su agonía hasta las últimas consecuencias. 


'Dunkerque' es una experiencia de terror y claustrofobia, una catapulta hipnótica que cuando llega al clímax hace converger satisfacción y un merecido reposo, que da un paso más allá en la inmersión que nos proponían blockbusters como 'Black Hawk Derribado' o escenas de cátedra como la de las escaleras del 'El acorazado Potemkin'. Es sin duda un suma y sigue en la carrera de Nolan. Simplemente me queda decir que puedes elegir ser muchas cosas, pero no elijas ser hater de Nolan, no compensa. 

9/10


sábado, 15 de julio de 2017

HappyThankYouMorePlease (Josh Radnor, 2010)

Es una película cuca, con cierta intención de dejar poso, pero de la que realmente no tengo demasiadas ganas de hablar, por lo que creo que la atención que se le presta mientras uno la ve no se convierte en eco divagador pasado su visionado. Parece querer llegar al corazón a través de personajes de existencia marcada por las decepciones, tiene atmósfera con buen rollo, pero recarga demasiado su sencillez con ciertas excentricidades que parecen querer tener más protagonismo del adecuado. Y que la cabeza pensante del tema sea Josh Radnor con su eterna obsesión por ser la imagen viva del tío cercano a los 30 que no encuentra con quién compartir la vida termina resultando irritante.

Más interesantes que esa historia principal cuyo ego conductor es el del protagonista de 'Cómo conocí a vuestra madre', que para colmo de talante aquí hace las veces de guionista y de director, son las otras dos historias que se desarrollan durante la peli. Carecen de falsas angustias, al contrario que la que más peso tiene, y paradójicamente las protagonistas sí parecen tener motivos de sobra para tomarse en serio sus propios problemas. La lucha a la que hace frente la historia protagonizada por Josh Radnor, con secuestro "cuqui, tierno y simpático" de niño por medio, parece habérsela buscado a posta el protagonista porque no tiene otra cosa que hacer con su vida que llamar la atención dando pena y siendo un capullo. La premisa es similar a la de su Ted de la citada serie: está mentalizado de que se le va a pasar el arroz, y ha encontrado a la chica que encaja con él 100%, y ahora solo tiene que convencer de ello a la muchacha. Tío, me cansas.


La película emula precisamente a series del palo de 'Friends' sin la simpatía que sus personajes despiertan, sin la complicidad que ellos transmiten, y que tropieza cuando entra en el terreno de la comedia gamberra. Sin embargo, en el terreno del romance sensible de la historia protagonizada por Malin Akerman sí que funciona. Si la película se hubiese centrado en ella en vez de en el ombligo de Radnor, hubiera estado varios peldaños por encima del resultado final. Aparte de que la carga de sinceridad que lleva esa subtrama llega inmediatamente al espectador, no tiene que marear la perdiz para llamarnos la atención ni volverse estrambótica. Ese arco es el que realmente salva todo lo demás y hace que el visionado no sea una pérdida de tiempo. 


Y bueno, ¿sabéis cómo termina cada episodio de 'Cómo conocí a vuestra madre'? ¿Con reflexiones de Ted acerca de las relaciones, de la amistad, de cómo debería o no debería ser el amor? Aquí tenemos la misma terapia, pero sin ser HIMYM. Lo mejor que se puede hacer es ver la película y empezar a buscar otras comedias del mismo estilo que hacen lo que esta pretende, pero con más estilo y encanto. Como película de iniciación al género suponiendo que hayas estado desconectado del cine romántico indie durante los últimos 20 años, puede valer. 

6/10


sábado, 8 de julio de 2017

Ahora me ves 2 (Jon Chu, 2016)

A ver, si algo te sale medio decente, déjalo como está y no prolongues la agonía. La primera parte era divertida, no daba pie a que se quedara en la memoria permanentemente, pero el rato te lo hacía pasar sin ponerle peros. Ahora bien, si te empeñas en que ese disfrute pasajero puede dar más de sí mismo, pues venga hermoso, estira el chicle hasta que se rompa. Pues eso es lo que ocurre con esta innecesaria y presumida secuela, que de la mina en la que no hay más diamantes como mucho vas a sacar algo de carbón.

Esta secuela es tonta hasta límites sonrojantes. No solo por tener a Daniel Radcliffe presumiblemente parodiándose a sí mismo, o a Jesse Eisenberg tratando de llevar el peso de la función teniendo a quienes tiene alrededor y que le sacan varios cursos de carisma, sino porque a quién se le ocurrió llevar a al desvergonzado personaje que funcionaba que te cagas como el de Woody Harrelson aún más al extremo, que en la primera hacía gracia, y aquí, por partida doble al sacarle un hermano gemelo malvado, se pierde en el vacío intentando, paradójicamente, llenar de escenas humorísticas lo que no sabe ocupar con cualquier otra cosa. 

Y luego ya están las flipadas. Volviendo al sencillo pero efectivo recurso de la comparación, la primera parte iba de sobrada, los trucos de magia eran exagerados, pero te los creías dentro de lo que te estaba ofreciendo. Aquí no. Aquí, gracias a lo enrevesada que se llega a hacer, no puedes dejar de repetirte una y otra vez "venga, coño". Además, por si no se queda agusto, es de vacile que sea tan larga y que, aunque parta con esa premisa, te esté intentando engañar todo el rato. Pero una cosa es engañar, y otra hacer trampas. Los trucos de magia nada tienen que ver con hacer trampas, amigos. 


Y lo que la deja a un nivel aún más inferior es su intento de convertir a su grupo de "jinetes" en una especie de iconos modernos. Que no, que la primera peli fue una peli entretenida sin más, que estos personajes no se van a colar en nuestros corazones, que dejéis de intentar hacer de un producto caduco algo trascendental. Es que no os ha salido bien la jugada del más gordo y más grande ni en taquilla, que era el objetivo a pesar de todo. Da tanta sensación de tomarse a sí misma tan poco en serio, que se ha olvidado que para hacer algo primero hay que tener algo de inteligencia para administrar la broma. Si es que ni la presencia de Mark Ruffalo salva el show, no me jodas.

3/10


viernes, 30 de junio de 2017

Toy Story 3. (Lee Unkrich, 2010)

Y 15 años después, la guinda del pastel, que consolida una trilogía equilibrada en un nivel muy poco asumible por otro tipo de sagas, mantiene el espíritu aventurero y explorador de sus anteriores episodios, aumentando el nivel de urgencia de sus protagonistas al tener que luchar esta vez contra el paso del tiempo, contra la niñez que se va, contra la desdicha de dejar de ser útiles. Tiene un recetario nostálgico y melancólico que no se antepone a la diversión que caracteriza a la franquicia, y tampoco pretende hacer drama pese a sus momentos tiernos e intensos.

Esta tercera parte recoge todos los aciertos de las anteriores, se sobreesfuerza por culminar con maestría la historia de los juguetes, sigue inyectando dosis de ingenio y propicia nuevas circunstancias aumentando de forma lógica el universo ya creado, y nos ofrece casi dos horas de sana e imaginativa diversión que parece no tener techo, porque la cosa sube y sube hasta límites estratosféricos. Toy Story ahora ya no solo se ha colado en géneros de aventuras o de rescate, ahora se ha permitido el lujo de tocar el terreno del drama carcelario y salir triunfante. Se saca de la manga varios giros que huyen del deus ex machina, ya que el guion no se olvida de ir colocando miguitas en sus primeros actos que puede recoger con entusiasmo en el tercero, y por lo tanto todo resulta redondo y satisfactorio. La inclusión de nuevos personajes como Barbie y Ken permiten jugar y burlarse de los prejuicios sociales hacia los juguetes "de género". Los héroes que ya conocemos continúan su arco de evolución, esta vez teniendo que hacer frente a un destino que parece inevitable.


Logra lo que ya parecía imposible superar dentro de una película Pixar: elevar el ritmo a la máxima exponencia, no hay minuto con tregua, ocurren cosas todo el rato, y ninguna de ellas es arbitraria o episódica, todo atiende a hacer crecer la bola emocional que fabrica desde el deleitoso comienzo con guiño a la primera secuencia de la primera peli hasta el milagroso y perfecto final. Una vez más, calidad técnica y guion marca de la casa es compatible con el afán de Disney por vender el producto más allá de las pantallas. Pixar pone el talento, y Disney las tiendas de juguetes y los parques de atracciones. La combinación, por contradictoria que parezca, es funcional.


Y no puedo saltarme un apunte hacia una de las escenas del cine de animación para todos los públicos más bellas, tensas y dolorosas que ninguna película haya logrado jamás. Sí, me refiero a la escena del basurero. Una magistral lección de suspense, capaz de llevarnos a todos a pensar que esta gente iba a ser capaz de dar un final tan desgarrador a sus personajes. Quien diga que en ningún momento se le pasó por la cabeza esa posibilidad y que tenía el nudo en la garganta miente. Todo el mundo dice que Pixar les rompió el corazón con la primera secuencia de 'Up', pero esta secuencia de 'Toy Story 3' también da muestras de cómo son capaces de inducirte un coma momentáneo.


Woody, Buzz y compañía terminan una trilogía magnífica, una de las más valiosas muestras de cómo conducir una saga sin descarrilamientos, con mucho mimo y sensatez en todo lo que se hace y se cuenta, una reivindicación más del cine de animación como cine con mayúsculas y no solo destinado al público familiar. Hecha para pasar a los anales de la historia, porque esto no es un hito menor que cualquiera de los clásicos de Chaplin, Ford, Kubrick o Spielberg. Es cine en su esencia más pura.

10/10


domingo, 25 de junio de 2017

Wonder Woman. (Patty Jenkins, 2017)

Estaban DC y Warner sumidos en un evidente rumbo improvisado con su franquicia de superhéroes, a la cola de Marvel, a la sombra de lo que ya hizo Christopher Nolan con uno de sus iconos en la trilogía de 'El Caballero Oscuro, y que no, que no lograban acertar en la diana con sus primeros títulos. A mí particularmente me gustan tanto 'Man of Steel' como 'Batman V Superman', pese a sus errores y a sus escenas carne de meme, mientras que mi visión hacia 'Escuadrón Suicida' ha cambiado mucho desde el primer y eufórico visionado, ya que ahora mismo la considero una película horrorosa en muchos aspectos. Pero la falta de cordura y paciencia era obvia. Y en medio de este follón, la luz: Wonder Woman, la tercera pieza de la Trinidad de DC. No solo supone un golpe en la mesa o una esperanzadora remontada en medio del caos. Es que es mucho más.

'Wonder Woman' es una película jodidamente maravillosa, y no estoy escogiendo este adjetivo al azar, puesto que la mujer maravilla es precisamente eso, y la película lo refleja sin paliativos, sacando orgullo. Más allá de una película que viene a engrandecer y dar un vuelco al cine de superhéroes, es una película que era necesaria. Porque aunque cuente una historia sobre la que el propio género ya ha planeado, siendo un viaje iniciático en un contexto bélico y con un marco de aventuras, lo hace colocando las piezas del tablero en un lugar al que hasta ahora se les había privado. Atendiendo al contexto político-social en el que vivimos, es una película importante. Tampoco le pidamos peras al olmo. 'Wonder Woman' no es cine social ni cine político, es un puñetero blockbuster, concebido para atraer a las masas a pasar un rato entretenido. Ahí radica su valor: un producto así, liderado por una mujer, Patty Jenkins, fuera del cine de autor o indie, en un género asociado tradicionalmente al público masculino, y que es capaz de transmitir mensajes positivos y reflexivos acerca del empoderamiento femenino sin excluir la atención empática de ningún tipo de público, que es capaz de hablar sin miramientos de los refugiados y los indefensos, o de las causas y consecuencias de la guerra sin echar balones fuera (el propio personaje de Steve Trevor se culpa a sí mismo por formar parte de ese "todo" que causa las guerras). 


Gal Gadot hace una labor encomiable poniéndose en la piel de Diana Prince. Hace suyo al personaje, lo conoce, va con ella a muerte, y cumple sobradamente tanto en su fase ingenua e inocente como en los momentos épicos, rebeldes y de amazona guerrera. En serio, hay escenas realmente inspiradoras y emocionantes en las que Wonder Woman, a la que todos le dicen lo que tiene que hacer, sobrepasa a todos y decide actuar y hacer lo que ella cree que es lo correcto, momentos en los que dice "hasta aquí ha llegado mi paciencia" y decide dar el paso al frente que nadie más da. Eso es épica. Formando equipo con un Chris Pine que nos regala un Steve Trevor precioso, con labor de motor de cambio y de guía en el mundo de los hombres, aparte de ser el apoyo emocional y romántico de la protagonista. Ojo, que nadie confunda el papel que hace este personaje con el de la protagonista. Ella siempre lleva el peso del viaje del héroe (heroína en este caso), y nunca invierten ese papel. Lo que pasa es que Steve Trevor no es una mera comparsa como sí lo son las sucesivas acompañantes femeninas del resto de superhéroes masculinos. Toma decisiones propias, no necesita que ella le saque de apuros (no confundir con salvarle en ciertas ocasiones), se vale por sí mismo, y sus acciones, sobre todo en el tercer acto, son importantes para el desarrollo y conclusión de la trama. No todo pasa por lo que hace Wonder Woman. Esto también es un punto a favor que debería tomar en cuenta el cine de acción y de aventuras.


Y aparte de todo eso, pues tiene lo que hay que exigirle a una película de su tipo: entretenimiento a raudales, acción muy lucida (y muy bien rodada, por cierto), una banda sonora y una fotografía que se lucen, emoción, con momentos para la risa y para las lágrimas bien sintonizados y colocados donde deben estar. Y que recupera cierta esencia clásica del cine de superhéroes que se había perdido con el ya mencionado Nolan, esa simpleza efectiva y noble que tenía el 'Superman' de Richard Donner o el 'Spiderman' de Sam Raimi. Una película en la que quienes la han llevado a cabo demuestran pasión y mimo, querer y saber hacerlo bien, que conocen el universo que nos están mostrando, y que sacan las garras cuando todo el mundo parecía querer enterrarles definitivamente. Este es el camino a seguir, no hay otro.

9/10