sábado, 15 de julio de 2017

HappyThankYouMorePlease (Josh Radnor, 2010)

Es una película cuca, con cierta intención de dejar poso, pero de la que realmente no tengo demasiadas ganas de hablar, por lo que creo que la atención que se le presta mientras uno la ve no se convierte en eco divagador pasado su visionado. Parece querer llegar al corazón a través de personajes de existencia marcada por las decepciones, tiene atmósfera con buen rollo, pero recarga demasiado su sencillez con ciertas excentricidades que parecen querer tener más protagonismo del adecuado. Y que la cabeza pensante del tema sea Josh Radnor con su eterna obsesión por ser la imagen viva del tío cercano a los 30 que no encuentra con quién compartir la vida termina resultando irritante.

Más interesantes que esa historia principal cuyo ego conductor es el del protagonista de 'Cómo conocí a vuestra madre', que para colmo de talante aquí hace las veces de guionista y de director, son las otras dos historias que se desarrollan durante la peli. Carecen de falsas angustias, al contrario que la que más peso tiene, y paradójicamente las protagonistas sí parecen tener motivos de sobra para tomarse en serio sus propios problemas. La lucha a la que hace frente la historia protagonizada por Josh Radnor, con secuestro "cuqui, tierno y simpático" de niño por medio, parece habérsela buscado a posta el protagonista porque no tiene otra cosa que hacer con su vida que llamar la atención dando pena y siendo un capullo. La premisa es similar a la de su Ted de la citada serie: está mentalizado de que se le va a pasar el arroz, y ha encontrado a la chica que encaja con él 100%, y ahora solo tiene que convencer de ello a la muchacha. Tío, me cansas.


La película emula precisamente a series del palo de 'Friends' sin la simpatía que sus personajes despiertan, sin la complicidad que ellos transmiten, y que tropieza cuando entra en el terreno de la comedia gamberra. Sin embargo, en el terreno del romance sensible de la historia protagonizada por Malin Akerman sí que funciona. Si la película se hubiese centrado en ella en vez de en el ombligo de Radnor, hubiera estado varios peldaños por encima del resultado final. Aparte de que la carga de sinceridad que lleva esa subtrama llega inmediatamente al espectador, no tiene que marear la perdiz para llamarnos la atención ni volverse estrambótica. Ese arco es el que realmente salva todo lo demás y hace que el visionado no sea una pérdida de tiempo. 


Y bueno, ¿sabéis cómo termina cada episodio de 'Cómo conocí a vuestra madre'? ¿Con reflexiones de Ted acerca de las relaciones, de la amistad, de cómo debería o no debería ser el amor? Aquí tenemos la misma terapia, pero sin ser HIMYM. Lo mejor que se puede hacer es ver la película y empezar a buscar otras comedias del mismo estilo que hacen lo que esta pretende, pero con más estilo y encanto. Como película de iniciación al género suponiendo que hayas estado desconectado del cine romántico indie durante los últimos 20 años, puede valer. 

6/10


sábado, 8 de julio de 2017

Ahora me ves 2 (Jon Chu, 2016)

A ver, si algo te sale medio decente, déjalo como está y no prolongues la agonía. La primera parte era divertida, no daba pie a que se quedara en la memoria permanentemente, pero el rato te lo hacía pasar sin ponerle peros. Ahora bien, si te empeñas en que ese disfrute pasajero puede dar más de sí mismo, pues venga hermoso, estira el chicle hasta que se rompa. Pues eso es lo que ocurre con esta innecesaria y presumida secuela, que de la mina en la que no hay más diamantes como mucho vas a sacar algo de carbón.

Esta secuela es tonta hasta límites sonrojantes. No solo por tener a Daniel Radcliffe presumiblemente parodiándose a sí mismo, o a Jesse Eisenberg tratando de llevar el peso de la función teniendo a quienes tiene alrededor y que le sacan varios cursos de carisma, sino porque a quién se le ocurrió llevar a al desvergonzado personaje que funcionaba que te cagas como el de Woody Harrelson aún más al extremo, que en la primera hacía gracia, y aquí, por partida doble al sacarle un hermano gemelo malvado, se pierde en el vacío intentando, paradójicamente, llenar de escenas humorísticas lo que no sabe ocupar con cualquier otra cosa. 

Y luego ya están las flipadas. Volviendo al sencillo pero efectivo recurso de la comparación, la primera parte iba de sobrada, los trucos de magia eran exagerados, pero te los creías dentro de lo que te estaba ofreciendo. Aquí no. Aquí, gracias a lo enrevesada que se llega a hacer, no puedes dejar de repetirte una y otra vez "venga, coño". Además, por si no se queda agusto, es de vacile que sea tan larga y que, aunque parta con esa premisa, te esté intentando engañar todo el rato. Pero una cosa es engañar, y otra hacer trampas. Los trucos de magia nada tienen que ver con hacer trampas, amigos. 


Y lo que la deja a un nivel aún más inferior es su intento de convertir a su grupo de "jinetes" en una especie de iconos modernos. Que no, que la primera peli fue una peli entretenida sin más, que estos personajes no se van a colar en nuestros corazones, que dejéis de intentar hacer de un producto caduco algo trascendental. Es que no os ha salido bien la jugada del más gordo y más grande ni en taquilla, que era el objetivo a pesar de todo. Da tanta sensación de tomarse a sí misma tan poco en serio, que se ha olvidado que para hacer algo primero hay que tener algo de inteligencia para administrar la broma. Si es que ni la presencia de Mark Ruffalo salva el show, no me jodas.

3/10


viernes, 30 de junio de 2017

Toy Story 3. (Lee Unkrich, 2010)

Y 15 años después, la guinda del pastel, que consolida una trilogía equilibrada en un nivel muy poco asumible por otro tipo de sagas, mantiene el espíritu aventurero y explorador de sus anteriores episodios, aumentando el nivel de urgencia de sus protagonistas al tener que luchar esta vez contra el paso del tiempo, contra la niñez que se va, contra la desdicha de dejar de ser útiles. Tiene un recetario nostálgico y melancólico que no se antepone a la diversión que caracteriza a la franquicia, y tampoco pretende hacer drama pese a sus momentos tiernos e intensos.

Esta tercera parte recoge todos los aciertos de las anteriores, se sobreesfuerza por culminar con maestría la historia de los juguetes, sigue inyectando dosis de ingenio y propicia nuevas circunstancias aumentando de forma lógica el universo ya creado, y nos ofrece casi dos horas de sana e imaginativa diversión que parece no tener techo, porque la cosa sube y sube hasta límites estratosféricos. Toy Story ahora ya no solo se ha colado en géneros de aventuras o de rescate, ahora se ha permitido el lujo de tocar el terreno del drama carcelario y salir triunfante. Se saca de la manga varios giros que huyen del deus ex machina, ya que el guion no se olvida de ir colocando miguitas en sus primeros actos que puede recoger con entusiasmo en el tercero, y por lo tanto todo resulta redondo y satisfactorio. La inclusión de nuevos personajes como Barbie y Ken permiten jugar y burlarse de los prejuicios sociales hacia los juguetes "de género". Los héroes que ya conocemos continúan su arco de evolución, esta vez teniendo que hacer frente a un destino que parece inevitable.


Logra lo que ya parecía imposible superar dentro de una película Pixar: elevar el ritmo a la máxima exponencia, no hay minuto con tregua, ocurren cosas todo el rato, y ninguna de ellas es arbitraria o episódica, todo atiende a hacer crecer la bola emocional que fabrica desde el deleitoso comienzo con guiño a la primera secuencia de la primera peli hasta el milagroso y perfecto final. Una vez más, calidad técnica y guion marca de la casa es compatible con el afán de Disney por vender el producto más allá de las pantallas. Pixar pone el talento, y Disney las tiendas de juguetes y los parques de atracciones. La combinación, por contradictoria que parezca, es funcional.


Y no puedo saltarme un apunte hacia una de las escenas del cine de animación para todos los públicos más bellas, tensas y dolorosas que ninguna película haya logrado jamás. Sí, me refiero a la escena del basurero. Una magistral lección de suspense, capaz de llevarnos a todos a pensar que esta gente iba a ser capaz de dar un final tan desgarrador a sus personajes. Quien diga que en ningún momento se le pasó por la cabeza esa posibilidad y que tenía el nudo en la garganta miente. Todo el mundo dice que Pixar les rompió el corazón con la primera secuencia de 'Up', pero esta secuencia de 'Toy Story 3' también da muestras de cómo son capaces de inducirte un coma momentáneo.


Woody, Buzz y compañía terminan una trilogía magnífica, una de las más valiosas muestras de cómo conducir una saga sin descarrilamientos, con mucho mimo y sensatez en todo lo que se hace y se cuenta, una reivindicación más del cine de animación como cine con mayúsculas y no solo destinado al público familiar. Hecha para pasar a los anales de la historia, porque esto no es un hito menor que cualquiera de los clásicos de Chaplin, Ford, Kubrick o Spielberg. Es cine en su esencia más pura.

10/10


domingo, 25 de junio de 2017

Wonder Woman. (Patty Jenkins, 2017)

Estaban DC y Warner sumidos en un evidente rumbo improvisado con su franquicia de superhéroes, a la cola de Marvel, a la sombra de lo que ya hizo Christopher Nolan con uno de sus iconos en la trilogía de 'El Caballero Oscuro, y que no, que no lograban acertar en la diana con sus primeros títulos. A mí particularmente me gustan tanto 'Man of Steel' como 'Batman V Superman', pese a sus errores y a sus escenas carne de meme, mientras que mi visión hacia 'Escuadrón Suicida' ha cambiado mucho desde el primer y eufórico visionado, ya que ahora mismo la considero una película horrorosa en muchos aspectos. Pero la falta de cordura y paciencia era obvia. Y en medio de este follón, la luz: Wonder Woman, la tercera pieza de la Trinidad de DC. No solo supone un golpe en la mesa o una esperanzadora remontada en medio del caos. Es que es mucho más.

'Wonder Woman' es una película jodidamente maravillosa, y no estoy escogiendo este adjetivo al azar, puesto que la mujer maravilla es precisamente eso, y la película lo refleja sin paliativos, sacando orgullo. Más allá de una película que viene a engrandecer y dar un vuelco al cine de superhéroes, es una película que era necesaria. Porque aunque cuente una historia sobre la que el propio género ya ha planeado, siendo un viaje iniciático en un contexto bélico y con un marco de aventuras, lo hace colocando las piezas del tablero en un lugar al que hasta ahora se les había privado. Atendiendo al contexto político-social en el que vivimos, es una película importante. Tampoco le pidamos peras al olmo. 'Wonder Woman' no es cine social ni cine político, es un puñetero blockbuster, concebido para atraer a las masas a pasar un rato entretenido. Ahí radica su valor: un producto así, liderado por una mujer, Patty Jenkins, fuera del cine de autor o indie, en un género asociado tradicionalmente al público masculino, y que es capaz de transmitir mensajes positivos y reflexivos acerca del empoderamiento femenino sin excluir la atención empática de ningún tipo de público, que es capaz de hablar sin miramientos de los refugiados y los indefensos, o de las causas y consecuencias de la guerra sin echar balones fuera (el propio personaje de Steve Trevor se culpa a sí mismo por formar parte de ese "todo" que causa las guerras). 


Gal Gadot hace una labor encomiable poniéndose en la piel de Diana Prince. Hace suyo al personaje, lo conoce, va con ella a muerte, y cumple sobradamente tanto en su fase ingenua e inocente como en los momentos épicos, rebeldes y de amazona guerrera. En serio, hay escenas realmente inspiradoras y emocionantes en las que Wonder Woman, a la que todos le dicen lo que tiene que hacer, sobrepasa a todos y decide actuar y hacer lo que ella cree que es lo correcto, momentos en los que dice "hasta aquí ha llegado mi paciencia" y decide dar el paso al frente que nadie más da. Eso es épica. Formando equipo con un Chris Pine que nos regala un Steve Trevor precioso, con labor de motor de cambio y de guía en el mundo de los hombres, aparte de ser el apoyo emocional y romántico de la protagonista. Ojo, que nadie confunda el papel que hace este personaje con el de la protagonista. Ella siempre lleva el peso del viaje del héroe (heroína en este caso), y nunca invierten ese papel. Lo que pasa es que Steve Trevor no es una mera comparsa como sí lo son las sucesivas acompañantes femeninas del resto de superhéroes masculinos. Toma decisiones propias, no necesita que ella le saque de apuros (no confundir con salvarle en ciertas ocasiones), se vale por sí mismo, y sus acciones, sobre todo en el tercer acto, son importantes para el desarrollo y conclusión de la trama. No todo pasa por lo que hace Wonder Woman. Esto también es un punto a favor que debería tomar en cuenta el cine de acción y de aventuras.


Y aparte de todo eso, pues tiene lo que hay que exigirle a una película de su tipo: entretenimiento a raudales, acción muy lucida (y muy bien rodada, por cierto), una banda sonora y una fotografía que se lucen, emoción, con momentos para la risa y para las lágrimas bien sintonizados y colocados donde deben estar. Y que recupera cierta esencia clásica del cine de superhéroes que se había perdido con el ya mencionado Nolan, esa simpleza efectiva y noble que tenía el 'Superman' de Richard Donner o el 'Spiderman' de Sam Raimi. Una película en la que quienes la han llevado a cabo demuestran pasión y mimo, querer y saber hacerlo bien, que conocen el universo que nos están mostrando, y que sacan las garras cuando todo el mundo parecía querer enterrarles definitivamente. Este es el camino a seguir, no hay otro.

9/10


jueves, 22 de junio de 2017

Las ventajas de ser un marginado. (Stephen Chbosky, 2012)

Película de temática adolescente con el toque nostálgico de las de antaño, de las que versan sobre la complejidad de la amistad, que trata los conflictos internos de los personajes con honestidad y delicadeza, y que se sustenta en la credibilidad de lo que está contando. Los problemas a los que se refiere la película en una etapa de cambios para sus protagonistas son reales, los trata con seriedad y sin empalago, con encanto y calidez.

El principal acierto de la película son las varias capas que tiene, las cuales va desflorando una a una, presentándose como una comedia romántica más, pero descubriéndose según avanza como un drama de traumas y miedos no superados, incertidumbres que afrontar, reflejando con tacto las confusiones que se suceden una tras otra durante la etapa juvenil. No solo es una película de crecimiento, sino de exploración. Temas como la exclusión social, la homosexualidad o la depresión son incluídos no como meros reclamos narrativos, sino que están ahí porque forman parte de los protagonistas y les caracterizan, y en vez de ser dibujados en torno a sus condiciones, la película hace crecer a los personajes haciendo ver que ellos no son una etiqueta, sino que esa etiqueta es una de las infinitas cualidades que les conforman. 


La rotundidad de la película va más allá de esos condicionantes. Es capaz de describir los rituales sociales durante la adolescencia con precisión audaz y perspicaz, soporta la mirada de un protagonista que tiene normalizado el bullying y el rechazo a lo diferente, y que ahonda en cómo un grupo de amigos puede convertirse en un grupo de héroes capaces de dar ternura, solidaridad y apoyo cuando el mundo parece haberte olvidado. Pocas veces en el cine una fiesta juvenil ha sido tratada de forma tan realista, con las expectativas de cada uno de sus integrantes y lo que finalmente encuentra en ella perfectamente dibujadas.


A todo ello hay que destacar a Ezra Miller, secundario de lujo que llena la pantalla y embauca al espectador con una interpretación preciosa, una banda sonora con mucho gusto, buen tacto para la planificación, y mucha pasión para contar una historia desde las entrañas. Una película que sabe que la tristeza y la alegría van de la mano, que sabe dotar de dulzura el tratamiento de las emociones esquivando el empalago de la bollería industrial, y que dota de dignidad al pesimismo y a los invisibles. 

8/10


miércoles, 21 de junio de 2017

Prometheus. (Ridley Scott, 2012)

Me acuerdo que la primera vez que la vi me decepcionó muchísimo. La pregunta con la que supuestamente me tenía que atrapar, de dónde proviene la vida en la Tierra, me la resolvía en una primera escena que no volverá a tener trascendencia en el resto del film. Desechado ese misterio, cuece otros interrogantes que podrían ser interesantes: ¿por qué fuimos creados? Y finalmente: ¿por qué los seres que nos crearon quieren ahora destruirnos? La película no resolverá ninguna de las dos. Y en Covenant también se han olvidado de ello, por lo tanto, en este sentido, sigo estando insatisfecho con esta peli.

A diferencia de la saga con la que comparte universo, 'Alien', abandona la clave de terror para optar por la de ciencia ficción. Fastidia mucho que una propuesta tan buena como la que tiene se deteriore por las decisiones que va tomando según avanza. Tiene entre su grupo de protagonistas un grupo científico insultantemente torpe (geólogos que son los primeros en perderse por el sitio que han mapeado previamente, arqueólogos explorando restos extraterrestres que, mariconadas las justas, se quitan el casco, biólogos que no siguen pautas de prevención ante formas de vida desconocidas,...), escenas muy mal rematadas (eso de no saber correr hacia los lados que tienes totalmente libres cuando un objeto gigante va a aplastarte te quita muchos puntos como villana de la función), y bichos que, en fin, ni atemorizan, ni crean tensión o incertidumbre, y cuya función se limita a tener algo con lo que pelearse. La vuelvo a ver y vuelvo a convencerme de que hay mucho potencial desperdiciado, de que las herramientas para hacer una película muy buena están todas, pero mal usadas.


Lo que sí he apreciado en este revisionado son los dos personajes principales, y que salvan el despropósito. Noomi Rapace y Michael Fassbender defienden como pueden unos personajes que deben compensar los déficits del resto de la película. Que por cierto, confirma que una buena e impecable realización no asegura una buena película, pues las buenas maneras se quedan en eso, dejando de lado la autenticidad, la inquietud narrativa, la exploración tensa o la sensación de hallazgo inaudito. Lo que peor hace 'Prometheus' es mostrarnos precisamente eso, el hallazgo más importante en la historia de la humanidad y hacer que nos parezca irrelevante. Aparte de tener un tercer acto en el que todo se precipita, no deja respirar, quiere resolverlo todo con prisas y a lo loco (un ser de inteligencia superior se despierta después de 2000 años y lo primero que hace es liarse a ostias en vez de preguntarse qué ha ocurrido en ese tiempo), y todo para terminar la película sin haber respondido a nada de lo que ha planteado, aparte de que las intenciones de la empresa que subvenciona la expedición no eran las que se creían (oh, sorpresa). 


¿Es una mala película? Pues a ver, entretener entretiene, no hay un solo plano que no resulte bello, y es una película de las que si quieres hacer pis a la mitad, la pausas para no perderte con lo que sigue. Pero sinceramente, estamos hablando de un universo, el de una maravilla como 'Alien', y de un reputado director, Ridley Scott, a los que hay que exigir mucho más, y no solo la pretensión de involucrarnos en una vacía reflexión existencialista que se pierde en su grandeza formal. No, no es mala película, pero te decepciona y deja peor sensación que unas lentejas en verano a 45º. 

5,5/10


miércoles, 14 de junio de 2017

Captain Fantastic. (Matt Ross, 2016)

Comedia agridulce que tiene mucha firmeza y fe en el mensaje que lanza, cuya propuesta es cercana y radical, entusiasta y contundente. Es un retorno a la naturaleza, a la humanidad más pura, una invitación a cuestionar el alienamiento social al que estamos sometidos, a ser ingenuos y curiosos, a ser humildes y rebeldes.

Hay mucho vitalismo en esta obra que pasó por Sundance y Cannes, y que los grandes premios prefirieron ignorar. Me recuerda en formas a 'Pequeña Miss Sunshine' y en carácter a ' Moonrise Kingdom'. Aquí los ingredientes son un grupo de jóvenes actores muy capacitados para orbitar alrededor del maestro de la ceremonia, Viggo Mortensen, que simplemente está magnífico en un rol puro y respetable que adopta con espontaneidad y con el que se siente como pez en el agua (actor que, por cierto, prima los proyectos de calidad antes que los de elevada factura industrial), y el guion que enfrenta al pensamiento propio de esta extravagante familia contra la educación conservadora de masas. Lucha que no solo se queda como marco contextual de la historia, sino que realmente se lleva al espectador a meditar acerca de lo condicionado que está nuestro punto de vista y nuestra perspectiva sobre la vida gracias a la tecnología, los dispositivos y los medios de comunicación, y nuestro ampuloso consumo de marcas comerciales.


Lo que el director Matt Ross parece querer decirnos con esta fábula es que todos los avances que nuestra sociedad está experimentando no están compensados si renunciamos a nuestra propia esencia, a nuestras raíces. No es un discurso novedoso en una película con este rollo, sí lo es la forma rompedora y encantadora de hacerlo, con diálogos realmente sorprendentes e impredecibles, igual que lo es su puesta en juicio del modelo social y económico al que nos hemos sometido, de la misma forma que emite un mayúsculo interrogante acerca del infantilismo académico y la burbuja protectora con los que se educa a los miembros más jóvenes de la civilización. 


Es una de esas películas inesperadas, que llegan sin hacer ruido y lo hacen para dejar huella en aquellos que quieran acercarse a ellas, que aportan mucho más aparte de dos horas divertidas de cine buenrollero. Tiene complejidad emocional, subrayada por una fotografía y una banda sonora que terminan de darle pinceladas al conjunto, y que una vez vista resulta indispensable. 

8,25/10


lunes, 12 de junio de 2017

Harry Potter y la cámara secreta. (Chris Columbus, 2002)

Warner sabía que tenía oro en las manos, y quería exprimir la franquicia cuanto antes mejor. Esta política de sacarle rédito a la primera entrega del niño mago será tanto una virtud como una losa para 'La cámara secreta'. Por un lado, el continuismo es palpable, el diseño de producción queda inalterable, y tan bien como funcionaba en 'La piedra filosofal', funciona aquí. Ahora bien, el rápido regreso a los platós de rodaje por parte de todo el elenco original provoca que se note cierto cansancio, y apenas ha dado tiempo a divagar acerca de los errores ya cometidos antes, que aquí no solo se perpetúan, sino que se dilatan.

Una de sus cualidades es que sabe quitar paja de la fuente original. Por ejemplo, el personaje de Lockhart resulta más llevadero en la película que en el libro, la interpretación de Kenneth Brannagh posee la capacidad de ilustrar ya en su primera aparición lo cargante que es su personaje, y no necesita tantas apariciones como en el libro para demostrar que es un tío brasas y un incompetente. Además, logra que sus escenas sean graciosas y den alivio a la tensión de la narración. Por otra parte, la película va mucho más al grano que su antecesora, mete la trama principal lo antes posible (en el libro tardaba la mitad de la historia en hacerlo), y no se entretiene en episodios anecdóticos. Por ese lado, gana en ligereza.


Ahora bien, tiene varios problemas que hacen que se sitúe como una de las pelis de Harry Potter menos destacables. Para empezar, los errores a la hora de dirigir actores se acentúan. Rupert Grint se pasa la película entera poniendo caras y tonos de voz extraños, tenemos el Ron Weasly más innecesariamente ridículo de la saga aquí condensado (que no digo ni que Ron ni Grint lo sean, simplemente le han pautado una comicidad y patetismo exagerados y no ha habido un director que le frene). Daniel Radcliffe arrastra problemas, sigo sin creerme que este chaval sea el que tenga que enfrentarse a Voldemort (aunque siga sin poder imaginarme a Harry Potter con un rostro que no sea el suyo), y en más de una ocasión confunde el registro que necesita el momento. Por parte del elenco adulto, muchos actúan por inercia y no se desgañitan para sacar adelante sus tomas. Lo dicho, el cansancio del anterior rodaje aún está haciendo mella, y se nota las prisas que les metieron para regresar a la saga. Y otro error: textos que repiten lo que se ve en pantalla. "El fénix ha dejado ciego al basilisco", dicho mientras se ve en imágenes, es tomar al espectador, por jóven que sea, por estúpido. Es algo típico en el cine fantástico de los 80, cuando el género estaba renovando ideas. Pero ya metidos en el siglo XXI, estas torpezas hay que eludirlas e ir enterrándolas. 


Entonces, nos hallamos con que las novedades introducidas son todo un acierto, como Lockhart, Dobby o Lucius Malfoy, mientras que todo lo que repite experiencia se contenta con dar más de lo mismo, con poca evolución evidente. Entretenida lo es de sobra, pero con más calma, podría haber sido muy mejorable. 

6,5/10


martes, 6 de junio de 2017

Piratas del Caribe: La venganza de Salazar. (Joachim Rønning & Espen Sandberg, 2017)

Ha sido la entrega de la saga con la que menos hype he acudido. De hecho, la he visto para hacer tiempo mientras me cambiaban el aceite del coche en el taller, con eso queda todo dicho. Siendo Jack Sparrow uno de mis personajes favoritos del cine, no tenía yo demasiadas ganas de volver a verle, a ese desastre me llevó la insufrible cuarta parte (bueno, y que a Johnny Depp le he cogido manía). Quizá ese sea uno de los motivos por los que salgo satisfecho: no tenía pretensiones que saciar, y solo quería pasar el rato con ella. Lo cumple, y además remonta el vuelo de forma digna después de que la anterior película hiciera un ridículo espantoso.

Y creo que la clave es la que se perdió en la película a la que ya he insultado dos veces en el párrafo anterior, y que en la tercera se dejaba de lado en pos de hacerlo todo más grande y épico de lo que debiera: el cachondeo, la pillería, y varios personajes amortiguando al Jack Sparrow más desvergonzado desde 'El cofre del hombre muerto'. El humor es esencial en una película de aventuras de este calibre, igual que los gags o dejar que su protagonista sea un capullo con corazón, que sabe hacer el ridículo sin dejar de ser el más listo de la función. A la saga se le había olvidado eso, había metido tramas serias y personajes aburridos, encomendándose por completo a las rarezas de Sparrow. Y aquí recupera casi todo lo bueno: una pareja de nuevos personajes con peso, bien explicados y acoplados al mundo ya creado anteriormente, una tropa de piratas imbéciles, gruñones, tramposos pero simpáticos, Barbossa volviendo a tener relevancia (sigue siendo el mejor villano que ha brindado la franquicia, pese al magnífico Davy Jones que le sucedió y al esfuerzo y presencia imponente de Bardem en esta), y sin dejar que las subtramas se coman al hilo principal.


El ritmo también recupera la fragancia aventurera. Muchas escenas de acción, en las que no faltan las persecuciones chifladas (la escena del robo del banco define lo que pedía a gritos la saga) o los convites entre barcos en pleno mar, las conversaciones con doble sentido e ingeniosos juegos de palabras más afilados que las propias espadas, y las varias oportunidades en las que Sparrow se salva de morir en el último segundo y de las formas más ingeniosas. 


La película no es perfecta, las dos primeras siguen estando en el escalón superior, y aunque la escena post-créditos sugiere lo contrario, que paren ya. Han solucionado las cagadas cometidas anteriormente, y dejan una película que supondría un final digno. No se concedan otra oportunidad de tocar fondo. No más Sparrow, déjenle morir, que ya hemos tenido suficiente. 

6,75/10


lunes, 5 de junio de 2017

Déjame salir. (Jordan Peele, 2017)

'Get out' te arrastra al mismo terreno al que te lleva el humor de Ricky Gervais: tienes que asumir de dónde parte su mensaje, a quién va dirigido, y la denuncia implícita que lleva en la mochila, pues hay mucho que sacar de ella y que no está a simple vista. La película no trata de un joven negro con novia blanca incómodo en un entorno de blancos que tienen empleados del hogar también negros y que a él le tratan como un elemento exótico y de manera complaciente. La crítica y la mofa que lleva consigo, porque la película es una comedia con elementos de terror psicológico, es mucho más subversiva y perversa de lo que aparenta. 

La película no habla sobre el racismo. Tampoco de la superioridad blanca, o del esclavismo de la raza negra, o del intento de acomodar a una persona negra en un entorno de blancos. Si rascamos un poco, nos está gritando una verdad incómoda acerca de la minoría racial en una sociedad prominentemente blanca: los blancos heterosexuales de educación católica aceptan en su sociedad a los negros (y a los gitanos, y a los homosexuales, y a los musulmanes, y a las mujeres independientes, y a un largo etcétera de minorías) siempre y cuando se comporten como ellos quieren que se comporten. No les aceptan con su cultura o sus formas de ser propias, sino en cuanto a su adaptación a la cultura y forma de ser blanca.Y la película materializa esa adaptación a través de la hipnosis a la que el protagonista es sometido desde que llega a la casa de sus suegros. Importante detalle el ver que el protagonista, en realidad, está siendo consciente de ese estado de sometimiento en todo momento, sin hacer nada para evitarlo.


La metáfora y la forma de llevarla a cabo es genial. Es un chiste muy cruel, un chiste capaz de ofender a quienes perpetúan esa actitud de discriminación positiva, y capaz de abrir los ojos y encontrar aliados en aquellos que son conscientes de esa verdad y se pelean consigo mismos a diario por revertir esa tendencia a la que estamos atados desde la cuna. La película no trata de ocultar su predecibilidad, sino que trata de hacerte ver el camino que va a seguir ya desde que la pareja llega a casa de los padres de ella, trata de hacerte asumir que es ese camino a recorrer durante el resto de la narración es inevitable para el protagonista, puesto que dentro del marco interracial y de la forma en que ambas culturas se relacionan es a través de enredados eufemismos y con una corrección política vomitiva que dejan de existir en cuanto él no está presente.


El resultado es muy bruto y muy canalla. Hay mucha mala leche puesta en el guion y en ciertos momentos de lucidez narrativa. No hay pelos en la lengua para denunciar la falsa tolerancia, para denunciar el silencio al que las minorías se ven resignadas, para denunciar la inquietud y el armario reversivo en el que la mayoría clasista esconde sus miedos e inseguridades frente a quienes son diferentes a ellos. Una película que no habla del (o de cualquier fobia), sino de su domesticación. 

7,5/10 


sábado, 27 de mayo de 2017

Alien Covenant. (Ridley Scott, 2017)

Sí pero no. Muchos aciertos visuales reunidos con desalentadoras torpezas narrativas. Un villano de categoría enfrentado a una tropa de personajes que tienen poco más que ofrecer que ser carnaza para las criaturas que se van dando paso por la película. Un marco de ideas muy interesantes con un desarrollo muy atropellado. En fin, que pese a dejarse ver, el poso que finalmente queda es desalentador.

Me gusta la mitología que se quiere transmitir en esta saga iniciada en Prometheus. Todo el discurso creacionista y existencialista que desprende da para mucho debate, y apunta con balas de plata a las religiones y creencias humanas acerca de los orígenes de la existencia. Pero el desarrollo que se suponía que Covenant debería haber tenido, respondiendo preguntas en el aire que dejó aquella primera, es perezoso a la par que grandilocuente en exceso. Esta grandilocuencia se va de las manos al ser un discurso que no encuentra el adecuado rival al que pueda enfrentarse. Los humanos de la película son simples herramientas que van descubriendo lo que se abre en sus caminos sin cuestionarse absolutamente nada, y parecen decididos a exponerse de forma negligente a todo lo que se les ponga por delante. Carecen de defensa, y no me refiero a defensa propia contra los bichos, sino a defensa científica o empírica, son como niños que no dudan en meterse en sitios donde no deben de manera estúpida. Cosas que admites en películas de terror juvenil, no de una cinta de un Ridley Scott con el ego y las senectud idos de madre.


Por otra parte, está el tema de la mezcla de géneros. La saga Alien era terror con elementos de ciencia ficción. Prometheus en cambio apostaba por la ciencia ficción con elementos de terror. Covenant mezcla ambos géneros sin tener mucha idea por cual decantarse como titular. Y al final hay un batiburrillo serio, no se decanta por ninguno de ellos, y deja la sensación de ser una película de género incompleto, dejando serios vacíos. Por la parte buena, el quitarle peso a la fórmula de bicho cazando humanos y hacer prevalecer el hilo del robot David como psicópata empeñado en jugar a ser dios resulta un viraje acertado, que aporta cierta frescura y atractivo. Pero queda deslucido por la acumulación de dudas que rodean a todo lo demás. Se deja en el tintero algunas ideas interesantes de la anterior película, y sufre de otras absurdas y que no tienen lugar, como una pelea entre robots que te saca por completo de ella. Una pena de oportunidad desaprovechada.


En fin, creo que me quedo con esta antes que con Prometheus, lo cual tampoco es mucho cuando la otra me defraudó bastante. No sabría decir si un revisionado me haría ser más amable con ella, porque creo que tampoco tiene mucho más donde rascar. Los xenomorfos siguen siendo una criatura que me flipa, pero visto lo visto apenas me queda la posibilidad de fascinarme con ellos con las dos primeras de Alien.

5,75/10


lunes, 22 de mayo de 2017

Toy Story 2. (John Lasseter, Ash Brannon & Lee Unkrich, 1999)

John Lasseter y sus muchachos aún tenían unas cuantas ideas en la sesera para seguir dotando de aventuras a los juguetes de Andy. Una película que iba a ir destinada directamente al formato doméstico, pero que según iba creciendo se dieron cuenta de que esta secuela era carne de gran pantalla. Con la rivalidad entre Woody y Buzz finiquitada y con una armoniosa amistad entre ellos, había que buscar el conflicto en otra parte e ir a un agente externo que obligara a la pandilla a abandonar la seguridad del cuarto de Andy y aventurarse al mundo inexplorado, esta vez, una juguetería como escenario hostil y un coleccionista de juguetes como villano a batir. Bueno, el esquema y la apariencia son simples, pero las situaciones son ingeniosas y logra empapar de ilusión a quienes disfrutaron de la primera parte. Los avances visuales se dejan notar y el detallismo continúa siendo marca de la casa. 

Por supuesto, introduce novedades. Nuevos personajes a los que se les coge rápido cariño, aunque tengo que decir que la parte de la historia centrada en Woody se vuelve demasiado ñoña para mi gusto. Me gusta mucho más el gamberrismo de la tropa de rescate, con varias alusiones a Star Wars o Jurassic Park, aparte de aprovechar el pasado ingenuo de Buzz para hacer bromas y chistes desde su perspectiva consciente de ser un juguete. Hay escenas con un acabado maestro, como la del cameo del viejo Gery como reparador de Woody o la de las tripas del aeropuerto, y que suponen un deleite visual. No se renuncia a la espectacularidad ni al humor, que son las verdaderas protagonistas de esta secuela al margen de la originalidad que aún se percibe en ella. 


Está ligeramente por debajo de su predecesora en cuanto a que no es tan pretenciosa. En esta parte no hay lugar para el existencialismo que había en la primera, y se da por sentado el significado de la amistad. Hay cierto desvío hacia la nostalgia y la melancolía facilones que frena el ritmo. La ligera rivalidad que en cierto punto de la película se aprecia entre Woody y Jessie apenas genera tensión. No lo doy como apunte negativo, sino como clave para entender porque no está a la altura de la primera. La primera tenía más mala leche, vamos.


Pero no cabe duda de lo fácil que lo pone la gente de Pixar para hacernos disfrutar, de su capacidad para mejorar y superarse sin repetir fórmulas, o la imaginación para fabricar gags y explotar al máximo los elementos que manejan para desarrollar la historia. Sigue siendo imposible imaginar una mejor recreación de nuestro mundo visto a través de los ojos de un juguete. Y desde luego, esta gente sigue estando un paso por delante en el mundo de la animación por ordenador, tanto a nivel técnico, visual y narrativo, cuando aún no habíamos entrado en el siglo XXI. Tienen mucha escuela a sus espaldas, no solo en su terreno, sino de la historia del cine en general. Saben muy bien cómo debe funcionar una película de aventuras, y lo llevan a cabo.

8/10


miércoles, 17 de mayo de 2017

Ética marica, de Paco Vidarte.

Tan subversivo y violento como divertido y canalla, este largo texto con carácter panfletario se ha convertido en una de mis biblias a las que acudo cuando estoy verdaderamente cabreado y necesito ver mis sentimientos reflejados en palabras que yo mismo no sabría expresar por mi cuenta. Paco Vidarte no se anda por las ramas y utiliza un lenguaje directo, soez y excesivo, habla tal como piensa y no permite que el estilismo se anteponga a lo que sus vísceras padecen. 

Para quienes pertenecemos al colectivo LGTBI es sin duda reconfortante, un desahogo estimulante que te invita a seguir reafirmando tu condición frente a los armarios impuestos por el sistema del heteropatriarcado y, sin duda una de sus denuncias más fervientes y sinceras, por nosotros mismos. Señala con especial énfasis todas las panaceas, tiritas y conformismos a los que la comunidad gay está expuesta en la actualidad, a su discreta pero imparable integración en el mundo de los heteros, aceptando sus normas y códigos morales, y lo hace con una rabia incontenida que no deja títere con cabeza. Para más inri, invierte el significado de nuestras pequeñas conquistas como grandes concesiones, como el perro que da la patita y deja de gruñir a cambio de recibir su premio y de no ser golpeado en el hocico con un periódico enrollado de su propio meado cada vez que no hace lo que su amo quiere. Una comparación hiriente, pero acertada. 

A todo ello se le suma la lucha contra la misoginia, contra el clasismo o el racismo, fobias de las cuales el colectivo sufre pero también forma parte. Invierte la fórmula para señalarnos a nosotras mismas, para reflejarnos como parte del problema, como opresores de quienes aún no están a salvo una vez nos hemos conformado con ser aceptados por una sociedad que sigue dictándonos cómo debemos ser y cómo debemos comportarnos para no ser repudiados. A su vez, propone objetivos a alcanzar y caminos alternativos por explorar y recorrer a los que hasta ahora hemos hecho que no nos han llevado más allá que a recompensas cómodas para el capitalismo. 

Invita a la reflexión sobre de dónde venimos como colectivo y como individuos LGTBI, a donde deberíamos ir, o cómo aún, pese a los logros, seguimos sujetos a intereses heteropatriarcales. Proclama una reivindicación, alejarse de la hipocresía con la que naufragamos por nuestra no del todo involuntaria inocencia, tiene una de las descripciones más agudas y acertadas sobre la solidaridad, y aboga por hacer ruido, mucho ruido. Un manifiesto cuyas palabras te cambian, despiertan dentro de ti una madurez y conciencia que no contemplabas pese a tenerla delante de las narices, y te revuelve las tripas.